Mi primer gran montaje de decoración de eventos fue mucho más que un trabajo final de formación. Fue una experiencia llena de nervios, imprevistos y aprendizajes que hoy forman parte de mi manera de trabajar en Cumpliendo Sueños.
Hay una gran diferencia entre aprender cómo se diseña una decoración de eventos y enfrentarse por primera vez a un montaje real.
Durante mi formación aprendí a crear bocetos, calcular proporciones, seleccionar materiales, distribuir elementos y planificar una escena. Todo parecía bastante claro sobre el papel, pero mi trabajo final del Máster Deco Premium de La Fiesta Jamás Contada me enseñó que la verdadera experiencia comienza cuando llega el momento de convertir un diseño en realidad.
Y aquel día aprendí muchísimo.
Mi proyecto consistía en crear una escena principal con candy bar y un corner complementario.
Un amigo me permitió utilizar su restaurante durante su día de cierre. Era el espacio perfecto para realizar mi primer gran montaje y poner en práctica todo lo que había aprendido.
Antes de comenzar, había diseñado la propuesta y presentado el boceto a mi profesora, que durante el ejercicio asumía el papel de una clienta. Mi responsabilidad era conseguir que el resultado final se pareciera lo máximo posible al diseño aprobado.
Por primera vez tenía que coordinar muchos elementos al mismo tiempo: fondo, panel, globos, palmera decorativa, mobiliario, flores, dulces, regalos y todos los detalles del candy bar.
Estaba muy nerviosa. Quería que todo quedara tal como lo había imaginado, pero todavía no sabía la cantidad de imprevistos que podían surgir.
Uno de mis primeros errores fue calcular mal el tiempo.
Colocar cada elemento, comprobar las proporciones, ajustar los globos y conseguir que toda la composición funcionara visualmente me llevó mucho más de lo esperado.
Sabía lo que tenía que hacer, pero todavía me faltaba la agilidad que solo se consigue practicando.
Aquel día comprendí que planificar un montaje no consiste únicamente en calcular cuánto tardarás en colocar cada elemento. También hay que reservar tiempo para ajustes, comprobaciones y posibles imprevistos.
Sí, me quedé sin globos en pleno montaje.
Cuando empecé a crear la composición, descubrí que no tenía suficientes para conseguir el volumen que había previsto en el diseño.
Tuve que comprar más y pedir que un repartidor de Glovo los llevara hasta el restaurante para poder continuar.
Ahora lo recuerdo como una anécdota, pero en aquel momento fue un auténtico contratiempo.
Aprendí que es fundamental calcular bien las cantidades y llevar siempre una pequeña reserva de materiales. Porque una cosa es lo que parece que vas a necesitar cuando estás diseñando y otra lo que realmente necesitas cuando empiezas a montar.
Otro de los grandes imprevistos fue una palmera decorativa que había elegido para la escena.
Su tronco era demasiado fino y terminó quebrándose.
Me costó muchísimo encontrar la manera de colocarla y conseguir que se mantuviera estable.
Aquella experiencia me enseñó que un elemento decorativo no solo tiene que ser bonito: también debe ser resistente, seguro y adecuado para el montaje.
Desde entonces presto mucha más atención a la estabilidad, la calidad de los materiales y la forma de sujetar cada pieza.
Durante la formación había visto cómo se colocaban los paneles y entendía perfectamente las explicaciones.
Pero cuando me tocó hacerlo a mí, descubrí que no era tan fácil.
Tenía que controlar su posición, la altura, la estabilidad y cómo encajaba con el resto de la decoración.
Lo que parecía un trabajo rápido terminó necesitando bastante tiempo y varios ajustes.
Fue entonces cuando comprendí algo que hoy considero fundamental:
Ver cómo se hace algo no es lo mismo que hacerlo con tus propias manos.
También me equivoqué al planificar la mesa del candy bar.
Había preparado muchos productos y elementos decorativos, pero cuando llegó el momento de distribuirlos, descubrí que no cabía todo.
Tuve que reorganizar la mesa, decidir qué elementos mantener y buscar una composición equilibrada.
Aprendí que no basta con diseñar cada producto por separado. Hay que estudiar el conjunto, comprobar las medidas reales del mobiliario y prever cómo se distribuirá todo antes del montaje.
Porque un candy bar no consiste en colocar muchos dulces sobre una mesa, sino en conseguir que todos sus elementos formen parte de una composición cuidada y coherente.
A pesar de los nervios, el cansancio y todos los imprevistos, seguí trabajando hasta terminar.
Y cuando por fin vi la decoración completa, ocurrió algo que todavía recuerdo con muchísima emoción.
Me quedé durante horas contemplando el resultado.
No podía creer que aquello lo hubiera creado yo.
Estaba agotada, pero también emocionada y profundamente orgullosa.
Delante de mí tenía una decoración completa que, hasta ese momento, solo había existido en mi imaginación y en un boceto.
No había salido todo perfecto. Había cometido errores y tenido que buscar soluciones sobre la marcha.
Pero lo había conseguido.
Y, sobre todo, había aprendido muchísimo más de lo que imaginaba.
Hoy comprendo mucho mejor la importancia que tiene realizar montajes reales durante la formación.
En La Fiesta Jamás Contada, donde estudié mi Máster, la práctica es una parte fundamental del aprendizaje. Y mi trabajo final me permitió comprobar por qué.
Si mi primera experiencia hubiera sido directamente con un cliente, me habría encontrado con esos mismos problemas durante una celebración contratada.
Habría calculado mal los globos, elegido una pieza poco resistente, subestimado el tiempo de montaje, tenido dificultades para instalar el panel y preparado más productos de los que cabían en la mesa.
La diferencia es que pude equivocarme, resolver los imprevistos y aprender en un entorno de formación, antes de asumir la responsabilidad de un evento real.
Aquella práctica me dio algo que la teoría, por sí sola, no podía ofrecerme: confianza en mi capacidad para encontrar soluciones.
Y también me enseñó a ser mucho más cuidadosa con la planificación.
Aquel proyecto no fue solamente mi trabajo final.
Fue el momento en el que descubrí que podía transformar mis ideas en decoraciones reales y que también era capaz de afrontar las dificultades que aparecen durante un montaje.
Hoy llevo todos esos aprendizajes conmigo a Cumpliendo Sueños, mi negocio de decoración de eventos en Madrid.
Cada propuesta comienza con una idea, pero detrás de cada diseño hay también medidas, materiales, planificación, organización y muchas decisiones que el cliente no siempre ve.
Porque una decoración bonita no depende únicamente de los elementos que utilizamos, sino de cómo conseguimos que todo funcione en conjunto.
Y si algo aprendí aquel día es que detrás de una celebración especial debe haber siempre preparación, responsabilidad y mucho cariño por los detalles.
¿Estás pensando en decorar una celebración en Madrid?
En Cumpliendo Sueños me encantará conocer tu idea y ayudarte a transformarla en una decoración pensada especialmente para ti.
Este proyecto no ha sido solo una decoración, ha sido una ilusión hecha realidad y una confirmación de lo mucho que me apasiona este mundo.
Fue una experiencia maravillosa y puedo decir con orgullo:
"Cumpliendo Sueños"